Cómo hacer que los niños vuelvan a entrar en contacto con la naturaleza

Ya sabemos cómo es la vida de un niño de ciudad hoy en día: de casa al colegio, del colegio a música, de música a karate, de karate a casa a hacer los deberes, de los deberes a cenar, de cenar a la cama. Está bien que nuestros hijos hagan actividades que les gusten y les permita crecer y a la vez disfrutar.

Pero no podemos olvidar que nuestras ajetreadas vidas urbanas muchas veces pierden de vista algo que es esencial: el contacto con la naturaleza. Al fin y al cabo, de allí venimos, y siempre mantendremos un vínculo inquebrantable con ella. Quien ha vivido en un pueblo o veranea en él, sabe de lo que hablamos: los niños disfrutan de mucha mayor libertad, se relacionan con otros chavales de una forma más espontánea y descubren muchos aspectos de la vida y lo que les rodea por sí mismos, lejos de apretadas agendas y calles repletas.

Es cierto, no todo el mundo tiene pueblo y las circunstancias de cada familia son muy diferentes. Pero una escapada de fin de semana a una casa rural podría ser una buena opción para disfrutar de todas estas ventajas, aunque sea por un par de días. Desde Viajar con hijos nos recomiendan varias casas rurales con actividades exclusivas para niños. “Uy, pero si el niño se va a aburrir muchísimo”. ¡De ninguna manera! Hay un mundo de opciones para ti y tu familia:

casas rurales

  • Paseos para aprender: Todos hemos sido niños y sabemos que salir a dar un paseo por el monte equivalía a “menudo rollo”, “¿cuándo volvemos a casa?”, “quiero una Coca Cola”. Vamos, un tedio total que queríamos que acabara cuanto antes. Esto no tiene que ser necesariamente así. Se puede preparar una ficha con, por ejemplo, diferentes tipos de árboles e ir tachándolos según se vean por el camino. Si hablamos con nuestros abuelos, niguno de ellos utiliza la palabra “árbol”, ya que se saben todas las variedades: haya, roble, encina, castaño. Esta es una oportunidad inmejorable de que nuestros hijos no pierdan esta riqueza cultural y, de paso, se diviertan mientras caminan. Con un objetivo, el de tachar los árboles de la lista, se interesarán más por ellos y aprenderán casi sin quererlo. Lo mismo se puede hacer con animales de la zona (ardillas, águilas, buitres, truchas).
  • Las tareas del campo: También preguntando a nuestros abuelos descubriremos la infinidad de actividades de las que nosotros, urbanitas irrecuperables, no tenemos ni idea. Porque antes de que todo el mundo fuera a vivir a las ciudades, la población vivía mayoritariamente en los pueblos de la agricultura y la ganadería. Hay muchos niños que en su vida han visto una vaca, e incluso muchos otros que se piensan que los tomates crecen en el supermercado. Es hora de que todo eso cambie realizando con ellos muchas de estas actividades: ¿Por qué no enseñarles a ordeñar las vacas? ¿O que ayuden a sembrar el trigo? Alguien va a tener que poner alfalfa al burro o recoger los huevos que han puesto las gallinas. De esta forma, los niños se familiarizaran con esta realidad que, al fin y al cabo, también es indispensable para los que vivimos en las ciudades.
  • A la rica cocina rural: Quizá parezca que no, pero a los niños les encanta cocinar. Con las instrucciones adecuadas y planteándolo como un juego de cooperación, no hay mejor actividad para complementar las dos actividades anteriores. Con unos productos estupendos, como los que hay en el pueblo, y unas recetas tan tradicionales como sabrosas, no habrá quien se niegue a pelar esas patatas tamaño monstruo, a llorar cortando esas cebollas recién cogidas o a embadurnarse de harina con tal de hacer ese postre típico. Así también aprenderan a colaborar en las tareas del hogar y, de paso, harán hambre. ¡Mmmm!